miércoles, 1 de septiembre de 2010

Personaje y relato

Edith es una hermosa mujer, de piel tersa, blanca y fina; labios delgados y rojos que dibujan una hermosa sonrisa; con hermosos ojos cafés muy grandes. Es algo extraña y solitaria, pero soñadora, generosa y dulce. Algunas veces puede ser fría, sobre todos en esos días en que recuerda que no puede tener lo que más desea...
Ella está casada con James, un hombre apuesto, inteligente y muy considerado que la ama profundamente.
James y Edith han deseado siempre tener hijos, pero por desgracia los doctores les han dicho que ella es estéril, así que constantemente ella se siente triste y culpable y se vuelve distante.
Edith trabaja mucho, pero le gusta pasar las pocas tardes que tiene libres en el jardín, leyendo o imaginando cómo sería su vida si pudiera por fin tener un pequeño con quien jugar y alegrar sus tardes solitarias.

Una noche Edith tuvo un extraño sueño donde se vio a sí misma embarazada, era tan real que no pudo evitar dudar e ilusionarse; decidió hacerse una prueba y finalmente se enteró  de que efectivamente -y contra toda expectativa- estaba esperando a un bebé; corrió a contarle a James y se llenaron de alegría cuando el médico se los confirmó. 

La joven siempre había sido supersticiosa y este último hecho tuvo tal relevancia en su vida que luego de esto cada vez que soñaba algo dentro de ella le daba la certeza de que no podía haber sido otra cosa que una premonición.
Luego de que el pequeño Jack naciera, él y sus padres vivieron felices, en un idílico regocijo que cualquiera hubiese envidiado y que, sin embargo, llegaría pronto a su fin. Años después de tener la revelación sobre su embarazo, Edith tuvo otra, por mucho menos alegre y más bien inquietante y perturbadora: la muerte, mostrando su pálido rostro descarnado a través de una larga túnica negra, situada a unos pasos de su cama, parecía mirarla como si la acechara, como si esperara algo que Edith no lograba descifrar qué era.
Todo empezó a cambiar a partir de este momento, Edith no volvió a ser la misma, pasaba las noches en vela esperando a que llegara ésa, en que la muerte iría a visitarla exigiendo algo que, si bien no sabía qué era, ella estaba segura no podría darle.
Tal llegó a ser su delirio que una noche se armó de valor y segura de que la muerte estaba junto a su cama decidió hablarle, preguntarle lo que quería y así echarla para siempre, pero la muerte nunca respondió a sus interrogantes; una y otra noche la cuestionó, mientras la muerte permanecía inmóvil y en un silencio total.
Pasó el tiempo y mientras dormía tuvo otra peculiar visión que en adelante ocuparía sus pensamientos hasta impedirle pensar en algo más, obsesionándola y torturándola, como una advertencia que su inconsciente le ofrecía sobre aquello que la amenazaba: pudo ver claramente a la inexpresiva muerte parada frente a ella sosteniendo en brazos al pequeño Jack.
No había nada que a Edith le importara más que aquel hijo que tanto había deseado, así que, sin dudarlo, trató de disuadir a la muerte de lo que ella estaba segura era su objetivo: llevarse al pequeño Jack consigo de una vez y para siempre; suplicó, imploró y hasta exigió desesperadamente, sin embargo, la muerte permaneció con el mismo rostro que no presentaba respuesta, ni siquiera gesto alguno. Cuando estaba a punto de darse por vencida, decidió, sin dudar, pactar con la muerte algo que no podría resistir, le ofrecería su vida misma y la de James a cambio de la de Jack.

Mujer embarazada y la muerte. Egon Schiele

Eran las 3am cuando Edith corrió desesperadamente a la cocina, James dormía, ella tomó un cuchillo y regresó fuera de sí a la habitación, se paró junto a James y casi mecánicamente le clavó el cuchillo justo en el estómago, él despertó un segundo antes y trató de detenerla, pero fue inútil, la fuerza sobrehumana que parecía tener le impidió hacerlo. Ella dio un último vistazo a Jack, lo besó en la frente y antes de hundir la fría hoja del arma en su abdomen le imploró a la muerte que cuidara de ese ser, al que amaba tanto que estaba dispuesta a dar su vida y la de su esposo para que pudiera seguir con la suya, y se lo entregó; esta vez la muerte reaccionó tomando al bebé en sus brazos.
La vida comenzó a dejar el cuerpo de Edith, pero no sin antes brindarle una última imagen que llevar a la otra vida: la muerte con su bebé en brazos... Fue hasta entonces que se percató que era la misma que la había traído precisamente a este momento.

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